21/05/2026

Residencia artística de Fernando Barrionuevo en MECA K15. Where the earth is no longer a surface

Publicada por Fernando Barrionuevo

La práctica de Fernando Barrionuevo se ha desplazado progresivamente hacia un territorio donde la creación deja de responder a la lógica de la representación o de la producción de obras autónomas para situarse en una dimensión más compleja, ligada a la experiencia física, temporal y perceptiva de la existencia. Su trabajo opera en aquellos estratos donde cuerpo, territorio, tiempo y conciencia dejan de funcionar como entidades separadas y comienzan a manifestarse dentro de un mismo continuum sensible. La obra aparece así como espacio de intensidad y atravesamiento: un lugar donde percepción y presencia se afectan mutuamente y donde la experiencia estética deja de organizarse alrededor de la contemplación para convertirse en una forma de inmersión existencial.

Este desplazamiento resulta inseparable de la trayectoria previa del artista. Desde sus primeros trabajos, Barrionuevo desarrolló una práctica centrada en la energía del gesto, en la densidad de la superficie y en la capacidad de la materia para generar estados de tensión más que imágenes estables. En Where the Earth Is No Longer a Surface, esa tensión abandona definitivamente el marco del cuadro y se expande hacia el territorio, hacia el tiempo y hacia la propia experiencia perceptiva del artista.

El proyecto se sitúa en una zona especialmente significativa dentro del pensamiento contemporáneo. Su singularidad no reside en una aproximación formal al paisaje ni en el uso de elementos orgánicos, sino en la construcción de un campo de experiencia donde las categorías que separaban materia, temporalidad, percepción y existencia comienzan a perder estabilidad. La tierra deja entonces de funcionar como soporte o exterioridad física para adquirir una condición activa y estructurante: organismo perceptivo, memoria profunda y potencia de transformación.

La modernidad construyó una arquitectura cultural basada en la separación: el sujeto escindido del territorio, la conciencia separada de la materia, el pensamiento desligado de la experiencia física del mundo. Incluso gran parte del arte contemporáneo continuó operando dentro de esa lógica, manteniendo una distancia estable entre la obra y aquello que representaba o interpretaba. El proyecto de Barrionuevo altera radicalmente esa estructura: el territorio deja de ocupar una posición exterior respecto a la experiencia artística y pasa a constituir el espacio mismo donde la obra emerge y se transforma.

La práctica artística deja entonces de responder a una lógica de control para convertirse en una forma de escucha. El artista ya no aparece como sujeto que impone completamente la forma desde una posición exterior, sino como cuerpo atravesado por procesos espaciales, temporales y perceptivos que transforman simultáneamente la obra y la experiencia de quien la produce. Escuchar significa aquí aceptar la inestabilidad, permitir que el tiempo participe activamente en la configuración de la obra y asumir que la creación sucede también allí donde la voluntad pierde centralidad.

Numerosas cosmologías antiguas comprendieron la materia terrestre como espacio de tránsito, transformación y potencia generadora de vida. El proyecto no ilustra esas tradiciones ni las convierte en símbolo reconocible; reactiva su resonancia dentro de una sensibilidad profundamente contemporánea. Cada grieta, cada erosión y cada transformación de la superficie aparecen como manifestaciones visibles de fuerzas que exceden la escala de la acción individual.

Las intervenciones desarrolladas durante la residencia expanden esta lógica hacia el territorio mediante estructuras efímeras y acciones abiertas al desgaste, a la desaparición y a la transformación continua. La obra no busca permanencia ni fijación; encuentra su intensidad precisamente en aquello que permanece inestable, vulnerable y transitorio. El tiempo deja así de funcionar como marco externo para convertirse en presencia activa dentro de la experiencia artística.

MECA K15 y Órgiva, en la Alpujarra granadina, adquieren dentro del proyecto una importancia que va más allá de la localización: funcionan como territorio de experiencia donde tiempo, percepción y presencia permanecen profundamente conectados. La intensidad silenciosa del entorno y su temporalidad lenta atraviesan el desarrollo de la obra desde dentro, haciendo que ésta no se sitúe frente al lugar, sino que emerja en continuidad con él. Más que responder a una metodología cerrada, el proyecto evoluciona como práctica abierta de atención y transformación, permitiendo que el propio devenir del lugar participe activamente en la construcción de la obra.

La dimensión más radical de Where the Earth Is No Longer a Surface reside en su capacidad para reconfigurar la relación entre existencia y mundo sensible. El proyecto no habla sobre el territorio: piensa desde él. Propone una experiencia donde cuerpo, conciencia y tierra participan de una misma mutación de la presencia. Frente a una cultura marcada por la hiperabstracción tecnológica y la pérdida progresiva de vínculos físicos con el mundo, la obra recupera una experiencia de presencia basada en la intensidad perceptiva, en la temporalidad expandida y en una relación más profunda con aquello que sostiene materialmente la existencia.

El artista

Nacido en Almería en 1960, Fernando Barrionuevo desarrolla desde mediados de los años setenta una trayectoria profundamente vinculada al arte contemporáneo entendido como espacio de investigación, pensamiento y transformación cultural. Artista, comisario y gestor independiente, su práctica se ha construido durante más de cuatro décadas desde una posición de libertad crítica y de permanente experimentación en torno a percepción, temporalidad y condición humana.

Su obra ha evolucionado desde los primeros trabajos marcados por la intensidad gestual y la tensión entre luz y sombra hacia lenguajes cada vez más abiertos donde energía, espacio y experiencia configuran situaciones perceptivas de gran densidad simbólica. La relación con el paisaje mediterráneo y con las estructuras orgánicas del territorio atraviesa toda su producción, en una evolución que desplaza la práctica artística desde la superficie pictórica hacia formas más expandidas de experiencia espacial y existencial.

Fundador y director de MECA Mediterráneo Centro Artístico, ha impulsado desde Almería numerosos programas nacionales e internacionales vinculados al pensamiento contemporáneo y a las nuevas prácticas artísticas. Su actividad curatorial incluye la dirección de bienales internacionales y colaboraciones desarrolladas en Japón, Alemania, Francia, Italia, Estados Unidos, Bélgica, Omán, Portugal y China. Su prolongada estancia en Japón durante más de una década constituyó un momento decisivo dentro de su evolución personal y artística, intensificando su interés por las relaciones entre vacío, temporalidad, percepción y experiencia.

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